Fotografía: Tony Petate

Una gran mazorca de palma tejida cuelga del techo. De ella, brota la luz, en algunos puntos más suave, en otros intensa. El totomoxtle abierto abraza su espacio, lo amplifica. La mazorca, como una hidra de varias cabezas se extiende, significa, se impone. “País de maíz” es una instalación de Vera Claire en el Museo de Filatelia de Oaxaca compuesta por una pieza central, una lámpara que fue diseñada por esta artista pero que integra trabajo colectivo con artesanos de la Mixteca y Valles Centrales.

Cada parte importa en ella, así como en el cultivo de este alimento. “Digamos que somos como la milpa”, dice Vera, quien explica que este proyecto nació al inicio del encierro por la pandemia: pensó en que los patrones tejidos de la palma se veían como los granos del maíz. Nelson Medina, artista plástico del Istmo de Tehuantepec, hizo el boceto, la primera etapa antes de verlo materializado.

La familia García Mendoza, compuesta por Juan, Flor, Lizbeth y Juanita, originarios de San Pedro Jocotipac, fueron los encargados del tejido de palma de las mazorcas en la técnica del nudo mixteco. La artista norteamericana trabaja desde hace tiempo con Juan y platica que primero hicieron una maqueta y luego trabajaron la pieza en tamaño real. Fue un reto en términos físicos y de contexto.

Alfredo Orozco Hernández fue otro de los involucrados: él hizo el tejido para las hojas y el tejido en telar de pedal, con algodón y palmas, unas al natural y otras teñidas con palo de Brasil y alambre de cobre a fin de crear formas orgánicas y emular los colores naturales que tiene este grano. El herrero Carlos Espino realizó las bases de las mazorcas y Gabriel Hansen confeccionó las hojas del totomoxtle.

VINCULAR Y CREAR

Vera llegó por primera vez a Oaxaca en el 2015 y antes de comenzar la obra ya sabía lo importante que es el maíz para las comunidades locales y el sistema alimentario mundial, pero a través de este proceso creativo aprendió más sobre su importancia cultural y ritual. Cada persona involucrada en el objeto escribió lo que para cada uno simbolizaba. “La luz representa la esperanza de cada cosecha”, mencionó Flor; “El maíz para mi significa, vida, alimento, fuerza”, expresó a su vez Alfredo.

La relación simbiótica entre el pueblo mexicano y el maíz no se puede separar, a la vez que en este contexto convergen el lenguaje y las tradiciones. La artista desea que quien viva y conviva con “País de maíz”, se conecte con estos mensajes poderosos.

Ella no solo es artista, sino que con su equipo trabaja en Cosa Buena, una fundación sin fines de lucro que apoya proyectos sociales que, sobre todo, involucran a la niñez, la juventud y las mujeres. Una de las actividades que realizan para obtener fondos es la organización de viajes de intercambio cultural para la gente interesada en adentrarse en los quehaceres artesanales y culturales zapotecos y mixtecos.

Vera comparte que en el Centro Cultural de Teotitlán hicieron hace tiempo un taller sobre maíz nativo en colaboración con el cocinero David Estrada. “¿Por qué le vamos a enseñar a hacer a nuestros hijos a hacer tortillas?”, le preguntaban en la comunidad. Poco a poco, las niñas y los niños se fueron sumando, escucharon las leyendas prehispánicas relacionadas con el origen de la humanidad y el maíz, además de que conocieron la importancia de conservar las variedades criollas y observaron otros maíces oaxaqueños -más allá del bolita, que es el reconocido ahí-. Hicieron tortillas de colores, todos se involucraron.

Incluso, Jaime Levin, originario de Australia, creó una lotería del maíz con su proyecto Once in Oaxaca, a fin de que sirviera como herramienta lúdica y visual: en ella se ve la milpa, el tejate, el huitlacoche, el maizajo, el metate y más que ayudan a tejer redes conceptuales alrededor del universo de este cultivo.

RESISTIR EN COMUNIDAD

De hecho, las lenguas originarias son también parte del entramado maicero. Vera es lingüista y durante la reflexión para esta conversación ella está de acuerdo en que sí hay un alto riesgo de perder las variedades nativas como también existe el peligro de que los hablantes dejen de usar sus palabras, su forma de pensar y de nombrar la realidad.

“Hay que trabajar mucho en conservar. Y no hablo solamente de Oaxaca, sino de todo el mundo pues pienso que no valoramos de dónde venimos, queremos algo diferente. Creo que esa es una experiencia muy común, especialmente para los jóvenes. Por ejemplo, yo de los 11 a los 20 años no quería saber nada de mi familia, de mis raíces, y ya después lo quería saber todo”, confiesa.

Soledad y Antonio Ruíz Mendoza son dos jóvenes con los que ella trabaja: Soledad tiene casi 30 y Antonio tiene 21. Los describe como tejedores talentosos y ambos le contaron que antes no querían hablar zapoteco pues hay una larga historia de discriminación hacia quienes se comunicaban en su lengua.

“Hay papás que no les están enseñando porque no quieren que pasen lo que ellos sufrieron, entonces es cíclico. Pero como decíamos, no se puede separar el maíz de las lenguas tradicionales, es un sistema. Si perdemos una parte, perdemos todo (...) Entonces, ¿qué se debe hacer? No se puede imponer, hay que darles herramientas y apoyarlos a valorar quiénes son y de dónde vienen y qué necesitan porque realmente estamos en sus manos”, opina.

Que el arte integre mensajes sociales vitales, que busquen un impacto más allá de lo estético, no es algo nuevo: basta recordar al maestro Francisco Toledo y su ardua y constante batalla en contra de los transgénicos y tantos temas más, basta ver los murales de Rodolfo Morales, en Ocotlán, en los cuales el campo es centro y esencia; o el trabajo contemporáneo de Lapiztola, Bouler, Tlacolulokos, Sanez, Ana Hernández y muchísimos más que evocan identidad, resistencia y creatividad.

Vera piensa que es increíble que el arte realmente sea una herramienta poderosa. “Para mí también es algo súper político, es una manera de llamar la atención y hacer las cosas porque a veces es difícil y no todos pueden entender estos temas de manera sencilla. A veces nos sentimos muy abrumados con los problemas que tenemos en el mundo y a través del arte hay otras formas de tocar los temas que son muy importantes y no podemos simplemente dejar de pensar en ellos, son forma de sensibilizar, de hablar”.

MÁS POR CREAR

El huitlacoche fue una de sus primeras experiencias personales con el maíz: “Me acuerdo que unos amigos ya me habían dicho del hongo del maíz. Nunca lo imaginé. Yo crecí en Tucson, Arizona, muy cerca de la frontera, y aunque siempre estuvo presente el maíz, obviamente en Oaxaca es otro mundo. Para mí una tortilla hecha a mano en el comal y con un poco de sal, es algo simple pero riquísimo. Tengo muy buenas memorias de cuando vine por primera vez y cuando fui a las comunidades a comer... ver a las señoras preparando la comida para mi representa la amistad. Compartir con cada familia eso es algo muy íntimo”.

El primer montaje de “País de maíz” fue en el Design Week México 2021 y ahora podrá verse hasta octubre de este 2021 en el MUFI, ubicado en Constitución 201, en el centro de Oaxaca de Juárez, donde además observarás en las ventanas diferentes timbres postales relacionados con el maíz y su cocina, ilustrados por artistas como Demián Flores, Dario Castillejos, Sabino Guisu, entre otros –que fueron parte de “Maíz”, una exposición previa de este espacio en 2015-.

Adelanta que está trabajando en una nueva pieza relacionada con el maíz y la fertilidad, que integra otro material clave: el barro. “Es un candelabro que vamos a exponer en el Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México. Me siento guiada por las plantas, también estoy explorando el maguey, veamos a dónde me lleva”, finaliza.

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